Sueña con una pesadilla
Dicen que fue Napoleón, que de empantanar imperios sabía un rato, quien sentenció la trampa definitiva de la burocracia: «Si quieres que algo no se solucione, crea una comisión». Hoy los gobiernos han pulido la técnica. Ya no hacen falta tétricas mesas de caoba ni prohombres de chaqué para dilatar el tiempo, centrifugar la culpa y esquivar la asunción de cualquier responsabilidad que huela a pólvora. Hemos sofisticado la parálisis. En mis años de galeras en la consultoría informática —esa minería a cielo abierto de la nada moderna— descubrí el arma definitiva, la guillotina contemporánea de la toma de decisiones: el post-it . Consiste el milagro en reunir a un grupo de incautos en una sala acristalada y ponerlos a sembrar una pared de cuadraditos fluorescentes. Piénsenlo. En una reunión clásica, la estupidez se anota en un cuaderno y se la lleva el viento de la amnesia, pero pegar un post-it rojo junto a uno amarillo otorga a la mediocridad una falsa épica arquitec...